martes, 8 de julio de 2008

De oportunos, medio ambiente y otras yerbas.

Resulta sorprendente comprobar, una vez más, que el oportunismo en este país no tiene límites.

La semana recién pasada, el candidato presidencial de la alianza por Chile, haciendo uso de su verborrea e histrionismo, nos ha presentado su nuevo espectáculo con una escenografía de paneles solares al aire libre. En el Club Providencia, Pocuro, su Comisión para estudiar energías renovables y no convencionales propuso un tuttifruti de medidas propias del populismo liberal que caracteriza a las oligarquías latinoamericanas.

El título de la comedia (ya que está tan de moda este género): Yo, Chile y energías renovables no convencionales.
Productor: Sebastián Piñera Echenique
Director: Sebastián Piñera Echeñique
Actor principal: Sebastián Piñera Echenique
Guión: Chile con todos
Actor secundario: Antonio Horvath, Ricardo Rainieri
Extras: Manuel Baquedano, Sara Larraín, Adriana Hoffmann, y otros
Tramoyistas: José Ignacio Pinochet, Hedy Matthei, Luis Felipe Labbé
Arreglos musicales: Grupo Tantauco
Punto culminante de la obra: “Sebastián tiene posibilidades ciertas de ser Presidente de nuestro país…”, dijo Manuel Baquedano
Estreno: Club Providencia 5 de julio. Estará en cartelera hasta Octubre del 2008.

En que país estamos viviendo, a veces suelo pensar que pasé una mala noche y las noticias que leo corresponden al día de los inocentes. ¿Cómo es posible que reconocidos ambientalistas y ecologistas del mundo progresista puedan creer en las falacias que plantea uno de los mayores defensores del neoliberalismo en Chile? Seguramente, Piñera estará creando una multinacional de paneles solares, como parte de su consorcio de exitosos negocios, ya que -hay que reconocerlo- como emprendedor no se le va una.

¿En qué estarán pensando nuestros amigos? ¿Serán tan ilusos para imaginar que un gobierno de corte liberal en Chile con sus miradas miopes y cortoplacistas abrirá espacios de discusión y soluciones a temas tan trascendentales, como el desarrollo energético sustentable en nuestro país?

El Programa Ambiental de la Presidenta Michelle Bachelet se ha ido cumpliendo, sin embargo hay que reconocer que esperábamos más. Anhelábamos espacios amplios de participación ciudadana que produjera una inflexión en la política ambiental de nuestro país. Su cuota de responsabilidad tiene la autoridad ambiental al no hacer lo que se debe hacer. Puedo no estar de acuerdo en algunas cosas, pero no por eso me voy a ir del Partido Socialistas y de la Concertación.
Roma no se hizo en un día, pero tampoco podemos esperar más allá de la extinción de nuestras vidas, para que Chile tome la senda del Desarrollo Sostenible

martes, 1 de julio de 2008

De Allende, historias fragmentadas, legados familiares y otras yerbas.


De la Comandancia del Regimiento Rancagua Nº 4 de Arica pasó al mando del 4º de Líneas de Tacna. Entregó el cuartel del regimiento y la ciudad a las autoridades de Perú de acuerdo al tratado del año 1929. Ese era mi abuelo, el último Comandante de Infantería chileno en Tacna, Héctor Suárez. Las historias personales definitivamente no pueden ser producto de la casualidad. Las vidas a veces van en paralelo y llega un momento en que se entrelazan.

En el natalicio de Salvador Allende, Fidel Castro en sus palabras rememora: “Ingresa voluntario al servicio militar en el Regimiento Coraceros de Viña del Mar. Solicita traslado al Regimiento Lanceros de Tacna, un enclave chileno en el norte seco y semidesértico, posteriormente devuelto a Perú”. Y descubro – al menos para mí- algo absolutamente nuevo y sorprendente: Mi abuelo y Salvador Allende por los años 27 o 28 transitaron por los mismos caminos. Si se conocieron o no, eso ya es otro cuento.

Corría el verano del año 1952 y mi padre, Jaime Suárez, había viajado de Concepción a disfrutar de sus vacaciones universitarias en Osorno, y ahí registró una experiencia, que quizás entonces no valoró en su total dimensión. Conoció a Salvador Allende.

Entre sus tantos escritos, todos guardados y cuidados por mí, pensando que a lo mejor el destino me premie y pueda dedicarme a ordenarlos, sistematizarlos y publicarlos (bueno, ésa será otra historia), encuentro una nota de puño y letra de Jaime con sus recuerdos:

“Un pequeño grupo que avanzaba hacia el Hotel Burnier llamó particularmente mi atención. Santiago Rozas Angulo, dirigente socialista, Rigoberto Cossio dirigente radical, Enrique Zapata, dirigente comunista y otros acompañaban a políticos “afuerinos”. “Chachao” Rozas, al divisarme, me llamó con mucho afecto. Cruce la calle y fui a la puerta del Hotel. Santiago Rojas me presentó al Senador por Valdivia, Osorno, Llanquihue, Chiloé, Aysén y Magallanes, el Dr. Salvador Allende. Joven y desenvuelto, lentes sin marcos, elegante, me saludó como si yo hubiese sido importante…El era el candidato a Presidente de la República, por el Frente del Pueblo y se encontraba en la zona realizando su campaña. Posteriormente me preguntó si podía acompañarlos, esa misma tarde, al campo.”
“En la población de los trabajadores de Pilmaiquén se realizó la concentración. Sobre un cajón de azúcar vacío, con un simple megáfono, los oradores se dirigían a una reducida pero entusiasta concurrencia. Retuve, para el resto de mi vida, la imagen de la silueta de ese viejo líder comunista de verbo apasionado y vigoroso, Elías Lafferte.”

En el mes de abril de 1987, a su regreso a México DF de un viaje a La Habana, Jaime nos escribe una carta a Bernardo y a mí. Es enfático en aclarar que se encuentra bien de salud, para que no vayamos a caer –con ese particular sentido necrológico que nos caracteriza a los chilenos- en la sospecha de que sus opiniones son testamentarias. En ese texto señala categórico:

“Les he dicho y lo repito: mi mayor orgullo está en haber sido colaborador de Allende. Cualquiera de esos pobres diablos que sean retractores no pueden borrar las tres líneas de la historia de Chile”

Continúo revisando papeles, cartas, escritos, recortes de diarios en un afán de reconstruir nuestra historia familiar, fragmentada, con muy pocas fotos de la infancia y de pronto encuentro una foto mia. Fue captata en el Parque Matías Cousiño (actualmente Parque O”Higgins”). Año 1964, concentración del FRAP (Frente de Acción Popular), cierre de campaña de la candidatura del Dr. Salvador Allende. No falta la bandera de Viva Allende. Miro mi foto y me emociono. El ser regalona de mi padre en mi vida fue de dulce y agraz, pero puesto en una balanza siempre será más de dulce. Imposible no recordar las idas a Guardia Vieja, los encuentros en San Martín, en el Senado. Recordar la eterna broma diciendo mi lápida será: Aquí yace el futuro presidente de Chile. Luego vendría el Gobierno en la Intendencia de Valparaíso y al año siguiente en la Intendencia de Concepción.

El 26 de junio en la Plaza de la Constitución, todo estaba preparado para el acto de su centenario: un gran escenario, sillas dispuestas para los invitados especiales y también vallas de seguridad para contener al pueblo allendista. Veo rostros emocionados y tomo fotos; saludo a compañeros, converso con una señora con la que estamos apoyadas en la reja. Me encuentro con uno de los nietos de Carlos Prats y comentamos el acto. Hablando con mí hermano, Bernardo, le cuento mis impresiones sobre la selectividad del homenaje con un dejo de amargura y él desde Moscú me dice: ¿y qué esperabas?


Imaginé a Allende, 56 años atrás, sobre un cajón de azúcar vacío, megáfono en mano, hablando de la sociedad mejor que quería construir.

miércoles, 25 de junio de 2008

De reacciones, desalojos y otras yerbas.


“Así quedé después de ir a París… No es llegar ni entrar ni mucho menos, cuidado con tener ganas de ir al baño... Y nadie me lo contó, sino que me tocó vivirlo”, con esta leyenda envié esta foto por las redes partidarias el 10 de enero de 2005.

En esa oportunidad advertía a los compañer@s lo difícil que resultaba ingresar a la sede partidaria. Los procedimientos eran muy engorrosos, por lo que habitualmente uno se encontraba con los compañeros fuera de la sede. Al entrar en el local, un interrogatorio: ¿Adónde va? ¿Con quién va hablar? ¿Para qué? Y luego procedían preguntar por citófono si uno podía entrar. Monté en cólera y señalé que era la casa de miles de nosotros y que no se me negaría el ingreso.

En interior, en el segundo piso, conversando con el jefe de Gabinete del Partido le expresé mi malestar y sorpresa por estas medidas, toda vez que estamos hablando de nuestro partido, de nuestra casa y no de un recinto o empresa privada.

Para colmo de males, al ir al baño me encontré con un tremendo candado: la administración había determinado que los baños era para uso exclusivo de los funcionarios.

Mis reflexiones en ese momento fueron: “¿Qué pasa con la gente, con los simples ciudadanos que quieren conocer el local del Partido de Allende, con el militante del norte o sur del país que anda de paseo por Santiago y quieren visitar el local. Se despide una vieja militante que aún no logra salir de su asombro”.

Poco tiempo después, ya con nuevo Presidente y Secretario General del Partido, al día siguiente de asumir la dirección, se realizó una reunión con todos los funcionarios del partido y las instrucciones fueron: no queremos que ningún militante se queje de que no puede entrar en el local del Partido; no queremos los militantes en la calle, para eso tenemos sede. Paralelamente, en una audaz y rápida acción, Patricia Hoces eliminó todos los candados.

Lo que pareció una anécdota en ese momento demostró que había un problema político mayor, que fue lo que precipitó el cambio de la dirección del Partido.

Nunca pensé que volvería a utilizar esta foto, pero el desalojo de los jóvenes socialistas me obliga a volver a recurrir a ella. Si durante todo el día los jóvenes habían tenido una actitud pacífica, de reflexión, ¿qué hizo que de un minuto a otro la situación se hiciera incontrolable y tomaran tan drástica decisión? ¿Faltó Armonyl? Tenemos Dirección para rato, de modo de que no nos servirá de nada que dentro de unos años las próximas autoridades hagan el discurso de “no queremos nunca más un desalojo”.

Creo que el tema central son los pendientes; las lealtades mal entendidas; el confundir la consecuencia con obsecuencia y la política con decisiones a puertas cerradas; el uso de la pataleta pública para eludir las explicaciones serias. O ¿no será que de tanto acuerdo, de tanta foto con los brazos alzados (no precisamente cantando la Marsellesa) y de tanto leer el libro de Allamand, muestra dirigencia ha hecho suya la teoría del desalojo… interno?